FELIZ QUINTO ANIVERSARIO NOTARIA 68

Pensaba hace poco, recordando que se acercaba el quinto aniversario de la Notaría 68, ¿qué rápido se pasan los años cuando la estadía es buena?; y es que, eso ha sido para quienes conformamos la oficina de la Notaría 68, una excelente permanencia en Pomasqui; pero,  esto no es un azar, es una suma de esfuerzos: decisión y tenacidad del doctor Juan Francisco  Arboleda Orellana, designado por concurso, Notario Sexagésimo del Cantón Quito, trabajo eficiente y honesto, calidez y comprensión al usuario, permanente afán de mejoramiento, en fin todo resumido en pocas palabras: vocación de servicio a esta comunidad principalmente y a todos los clientes  que confían en nosotros; pero, sobre todo, a la voluntad de los pomasqueños, al reconocer la labor desarrollada y la contribución de la oficina notarial, que con su presencia ayuda a la difusión, de los atractivos  que tiene esta bella parroquia del cantón Quito, ya que desde el 24 de marzo del año 2014, son más los clientes de todo el país y de fuera de él, que acuden a Pomasqui en busca del excelente servicio notarial que se ofrece aquí en POMASQUI.

Una vez más: ¡ GRACIAS!,  y sigamos caminando juntos.

El Callejero Benjamín 

Por: Estela Alexandra Cobo Quevedo 

Hace poco más de cuatro años llegué a la comunidad de Pomasqui a trabajar en la Notaría que se instauró por primera vez en este sector de la urbe, en donde se vive un ambiente tranquilo de gente cordial y me adapté completamente a la vida cotidiana serena, de caras conocidas y sonrisas amplias, sin mucho “corre, corre”, al que ya estuve acostumbrada en la ciudad de Quito. En este ambiente, desde el inicio me familiaricé con muchos perros que deambulan por las calles y parques, unos que tienen dueños los cuales les descuidan y les permiten que caminen por las calzadas sin ninguna protección, expuestos a los vehículos que les atropellan y a las inclemencias de la intemperie; otros, abandonados, a los cuales la gente caritativa les da de comer, sin embargo, hay muchos animalitos vagando. A fuerza de verlos diariamente, ya los conocemos les hemos “bautizado”,  y ya forman parte de nuestro habitual entorno.

Hay muchas anécdotas que se producen diariamente con estos seres de cuatro patitas, pero hay una historia que merece ser contada, porque involucra a muchos de ellos. Es parte importante de esta comunidad una persona que se ha convertido en benefactora de estos seres indefensos que recorren las calles con hambre y a veces heridos o enfermos, ella es la doctora  Gloria Pallo, Pediatra  de profesión, cuyo consultorio está ubicado a pocos metros del parque central de Pomasqui, ella acoge a los perros les da de comer diariamente, si están enfermos los cura y si necesitan tratamiento también se encarga de proporcionales la medicina y sobre todo la paciencia.

En uno de esos días apareció un perro grande de colores negro y blanco, al parecer le había atropellado el carro y le rompió totalmente la pata derecha delantera, muchos de nosotros  teníamos lástima del animal que aparecía en las mañanas en la puerta de  la panadería. Los vecinos y quienes le veíamos le dábamos de comer   y al poco tiempo desaparecía hasta el otro día, la angustia de ver al perro en ese estado crecía; pero, ninguna persona, por diferentes razones, podía hacerse cargo de curarlo y de acogerlo.

Yo sabía que la doctora Pallo ayudaba a los perros callejeros, sin embargo ella estaba fuera de la ciudad, pasaban los días y el estado del perrito era cada vez más lastimero: arrastraba la pata y ya no solo estaba rota sino que la tenía desgarrada, llamé a cuanto albergue e institución de ayuda animal conocía, a fin de que me presten su contingente, nadie me daba oídos, no podía llevarle a ningún lado porque como el perro estaba malherido se tornaba agresivo cuando intentábamos tocarle, además necesita una cirugía costosa y debíamos procurar su financiamiento.

En estas circunstancias pasaron muchos días, hasta que llegó la doctora Gloria, le informe del tema y de la preocupación de quienes veíamos al perro gravemente lastimado; ella con la ayuda de su hija, recogieron al perro se lo llevaron donde un veterinario amigo, desgraciadamente tuvieron que amputarle la pata; sin embargo, le salvaron la vida. Ahora la tarea era buscarle una persona que le adopte; era tarea difícil, porque además de que es un perro adulto, le faltaba una pata, al fin a través de conocidos le conseguí un alojamiento; pero, …al momento de llevarlo ni el perro que a estas alturas ya tenía un nombre, se llama Benjamín,  quería irse del lado de su salvadora, ni la doctora Pallo quería apartarse de él.

Ahora, aunque carece de una pata le sobra amor, ES UN PERRO FELIZ.

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