… Y pasaron doce años

por: Alexandra Cobo

Soy, Alexandra Cobo Quevedo, de profesión publicista y comunicadora Social; y, el 1 de marzo de 2014 mi vida tomó un giro inesperado; después de años de trabajar en varias instituciones públicas y privadas relacionadas con mi profesión de comunicadora, dejé de laborar en ellas y comencé de cero en mi búsqueda de trabajo.
Mi primer contacto hacia mi objetivo fue el doctor Juan Francisco Arboleda Orellana, quien fue mi jefe, en una de las instituciones del estado donde presté servicios su acogida fue inmediata, sin pensar dos veces, gracias a su calidad humana y a que conocía mi desempeño, me abrió las puertas de la Notaria 68 a su cargo, acepté el reto de incorporarme a la naciente notaría.
De esta manera el 3 de marzo del año 2014, muy temprano llegué a la parroquia Pomasqui, para ser participe del desafío que el doctor Juanito se había propuesto:  sacar adelante una nueva notaría, la 68 del Cantón Quito, similar a mi comienzo, desde cero, solamente, con los conocimientos teóricos y con mucho entusiasmo; y, acompañado de un grupo pequeño de profesionales, igual de entusiasta, comenzamos. Después de un viaje “larguísimo” desde mi casa hasta el Parque Central de Pomasqui, con un desconcierto que se reflejaba en mi cara, caminé desde la parada del bus hasta el sitio indicado, que aún se encontraba en proceso de remodelación por lo que no tenía muy buena pinta; pero de inmediato al ingresar a las instalaciones el entusiasmo del flamante Notario y de los futuros compañeros fue contagioso y con una libreta de líneas y un lápiz comenzamos a aprender y planificar.
Todas las mañanas llegaba al Parque de Pomasqui, donde se vivía mucha paz, no existía mayor concurrencia de gente, lo que significó para mí, un motivo de preocupación porque suponía escasez de clientes, sin embargo de esto, traspasaba las puertas de las futuras oficinas y cualquier inquietud se esfumaba; y, con alegría y expectación iba aprendiendo el sistema y los primeros conocimientos que los asesores tecnológicos y el doctor Rodrigo Heredia, ex Notario que con su experiencia nos inteligenció respecto al quehacer notarial.
Día a día, las instalaciones se transformaron sorprendentemente, volviéndose cómodas, acogedoras y con una tecnología de punta;  así el 24 de marzo de 2014, la Notaría 68 del Cantón Quito, abrió sus puertas, todos preparados, pero con los nervios parecidos a los del primer día de clase, iniciamos, el primer acto notarial, nos demoró horas, porque el doctor Arboleda, quería que todo sea perfecto desde el principio, cómo debe de ser, pero al ser nuestra primera práctica, la falta de experiencia nos cobró factura en tiempo, nos demoramos horas, afortunadamente, no nos tomó muchos días aprender, pronto ”ya cogimos el ritmo”, además todos nos volvimos “polifuncionales” y capaces de resolver eficazmente cualquier tema; y, en mi caso, hasta practicaba mi profesión:  “Comunicación y Relaciones Públicas”. Desde el primer día la actividad de la notaría cambió el movimiento del centro de la comunidad pomasqueña, la gente iba y venía, el entorno del parque se llenó de vehículos y quienes trabajábamos en la notaría cada vez nos hicimos más familiares, y con el tiempo me volví pomasqueña de corazón.
Llegaba diariamente a las 8 de la mañana, de lunes a sábado, el viaje ya no me parecía largo, caminaba hasta llegar a la oficina, las personas del entorno ya eran conocidas y saludaba con todas, ya no tenía incertidumbre respecto al trabajo que desempeñaba, cabe decir: que nunca antes lo hice, no obstante; me volví diestra en lo que me concernía, con el transcurrir del tiempo se incorporaron otros profesionales, me correspondió enseñar el sistema a los “novatos” quienes al poco tiempo me superaron y al poco tiempo también, el personal estuvo completo,  la rutina se volvió placentera y jamás perdíamos la oportunidad de reír, de aprovechar los tiempos libres para viajar y compartir con la nueva familia notarial a la cual, para estos menesteres crecía pues para los paseos se incorporaban: padres, cónyuges e hijos, y cuando menos lo pensé ya habían pasado 11 años.
En el transcurrir de estos doce años se han unido más profesionales y a otros nos ha tocado dejar la notaría, en mi caso dejé la Notaría después de 11 años de trabajo, fue preciso que cierre ese maravilloso capítulo de mi vida, que me dejó un cúmulo de experiencias entre buenas y malas, todas con lecciones; pero, sin lugar a dudas y afortunadamente, muchos más han sido los momentos placenteros. Estos años de labor, me permitieron optar por la jubilación y así emprender en algunos sueños postergados, mientras aún tengo posibilidades y medios para llevarlos a cabo, pero este largo periodo, marcó mi vida, y me atrevo a decir que: además de quienes forman parte de la Notaría, así como del pueblo de Pomasqui, ya que en estos doce años, hicimos historia,
Con orgullo propio ya que  fui parte del nacimiento de este proyecto, puedo aseverar, que todo se transformó, hoy la Notaría es grande, crece día a día; mejora día a día y los servicios se mantienen a la vanguardia de lo que exige la modernidad y los últimos adelantos de la tecnología, el movimiento del parque es otro, mucho más activo; la oficina notarial es reconocida; sin embargo, lo que si no ha cambiado: es la eficiencia, la calidad y la calidez de quienes forman parte de la  en otrora pequeña Notaría, que gracias al empuje y valentía del doctor Juan Arboleda  se convirtió en lo que hoy en día es.
Por azares de la vida ahora observo desde lejos a la oficina que antes fue mi segundo hogar; no obstante, las amistades que me dejaron estos más de 11 años de trabajo me mantienen cerca, y hoy celebro y brindo por estos 12 años de vida institucional y porque sean muchos más, con la misma mística de trabajo que se ha mantenido hasta hoy. ¡¡¡¡Felicidades Notaria 68!!!!